Sobre el FIN: A propósito de los múltiples finales de Teodoro Malventura

Elegid vosotros. En serio, elegid una de las opciones, me da igual. Puedo viajar por todas las capas de la realidad multidimensional, ese es mi don. Somos la vergüenza de la galaxia, no puedo hacerlo peor que mis predecesores. Puedo mudarme a Vulcano, a Ananke o entrar en una Clínica, será lo mismo. Todos son mapas, putas palabras y malditos números, hechizos y fórmulas, se han olvidado las personas y solo quedan carreteras y recorrido. 

Teodoro Malventura

La curiosidad que avivó este proyecto fue la edición tradicional de GOECIA y el “amor” tras la lectura exhaustiva de la bibliografía completa de Tomeo. La distribución me impulsó -como si fuera un regalo de Thoth- a trascender las reglas clásicas de la hermenéutica  para conocer en profundidad  -a través de mis propias palabras- algunos de los misterios de la escritura, especialmente la cuestión de la interpretación mucho más allá que las meras nociones académicas (¿quién decidía el final de Goecia? ¿Yo, Narrador Supremo? ¿El lector, omnipotente escenario?) . En otras palabras, no fue hasta que me encontré con (coherentes) interpretaciones del caso de Custodio Estrany y el Lumen Rex  (especialmente a raíz de la Alcaldesa, un personaje imposible cuando yo escribía sobre ella pero que, sin embargo, se encarnó como una profecía autocumplida durante el proceso de corrección e impresión) que recibí uno de los mejores regalos que puede esperarse alguien a quien le gusta leer: la reflexión definitiva que parece corroborar que todas las novelas que realmente Te gustaron se vieron infectadas en su momento por fantasmas semióticos de Tu propia existencia que insuflaron a los personajes de vida (y moral). Cada vez que alguien decía esto o aquello sobre Goecia me golpeaban las mimas preguntas: ¿cuántas veces habré dado yo por bueno/válido/excelente un fragmento de un libro siendo que el autor jamás tuvo esa clase de intención en el mismo? Las palabras son muy traicioneras, mucho más de lo que puedas a llegar a imaginar leyendo a formalistas rusos o críticos literarios psicoanalistas: su poder reside en la propia ambigüedad, en el trasunto ético que esconde nuestra clasificación de cada definición. Supongo que el mejor ejemplo sería una carta de amor que su destinatario recibiera -por una macabra broma de Correos- unos años más tarde, tras un divorcio: simultáneamente verdad y mentira, un insulto al tiempo cuyo corazón es la propia trampa cuando nuestro cerebro caga palabras.

Es una lección que puedes aprender en un libro de Barthes o de literatura comparada. Supongo que no me la creí del todo hasta que empecé a vivir sus consecuencias, nuevos significados que, como hijos bastardos, aniquilaban al primogénito original para convertirse en príncipes más maravillosos de lo que yo podría haber llegado a imaginar.

Esta terrible lección reverberaba en mi materia gris mientras componía mi pequeño e humilde homenaje a Javier Tomeo, Kafka castizo donde los haya (Straight Outta Barbastro), y especialmente a la hora de diseñar el final de la nouvelle, en el que quería que apareciera una perversión de la técnicas literarias con listas (Perec, Modiano, Tomeo…). La ventaja de las listas es que, aunque parezcan excluyentes, a nivel informativo funcionan potencialmente, introducen ya el germen de las distintas opciones en la consciencia de lector.

Con estos conocimientos, más la voluntad alquímica del joven escritor (cuya madurez pasa sólo a través de la práctica exhaustiva), nació el artefacto definitivo que son los múltiples finales de Teodoro Malventura y los parásitos de Alse-V. Una de las (pocas) ventajas del DIY y las ediciones limitadas es que me ha permitido medir y conocer la mayoría de las interpretaciones de la nouvelle de Teodoro Malventura. A estas alturas conozco ya más de la mitad de los finales de los 50 ejemplares financiados por Editorial Pathosformel; aquí cuelgo algunas de vuestras fotografías (iré actualizando la entrada conforme reciba nuevas fotografías).

 

 

 

 

 

 

¿Sabéis lo más divertido del asunto? Hay diez finales disponibles (a-j) y a estas alturas todavía NADIE ha escogido el final que yo escogería (0 sobre 500). Eso no es todo. El principal motivo del carácter underground y anti-editorial de la nouvelle es que difícilmente encajaría en ningún catálogo pues su género literario no está definido: el género de todo lo leído (el corpus diegético para interpretarlo) vendrá predeterminado por la elección final. TIEMPO KAIROLÓGICO, como todo buen amante de la Biblia sabrá; en las palabras del Génesis viene predeterminada la interpretación del Apocalipsis, y viceversa.

Escoge tu Apocalipsis, la escatología de la vida de Teodoro Malventura y, exactamente igual que la adscripción a los principios de la ética, recibirás un precioso corpus linguïstico y cultural con el que leer las aventuras del taxista espectral.

¿Quieres una historieta de tebeos y aventuras? No te preocupes, el Narrador -aka Dios- proveerá.

¿Quieres llorar? Estás en el taxi adecuado.

  • Los finales B, C, D, F convierten la novela en un producto weird, una cómica historieta sacada de un tebeo, una especie de space cab oriundo de nuestra península. Debería llamarse entonces “El taxista espacial”, un título mucho más tomístico que el actual.
El “taxista espacial” original, personaje de DC que aparece, entre otros, en los cómics de Lobo.
El proyecto original: El taxista espacial.
  • El final A funciona al nivel del realismo mágico: la historia de Audabe y Maro (aparte de un exabrupto/beef al chamanismo vienés al que llaman ciencia psiquiatríca) es la más alegórica de todas las anécdotas, la que mejor engloba la novela en clave metaliteraria y simbólica.
  • El final G es una opereta gore para todos los amantes de Lashingas que hayan detectados las influencias orientales de Kadmon.
  • Los finales E, I, J, son puertas de entrada al universo suicida que inaugurara Custodio Estrany; literariamente hablando convierten la novela en un pedo/sublimación en medio de un mundo de ruinas, fantasmas y fétidos egregores.
  • El final H –mi final– convierte a Teodoro en un narrador desleal que ha venido aprovechando el monólogo interior para mentirle al lector como un bellaco. También es algo muy propio de los personajes de Javier Tomeo. Esta opción transforma también a los pasajeros en mentiras incómodas del taxista espacial, destruye su ética de loco(culpable)-monstruo(penitente) que tanto se había esforzado en desarrollar y desvela a los Hijos del Caos como simples doctores. Como el título de la novela indica, la opción H cierra el asunto sobre el enigma de los parásitos de Alse-V y los problemas del narrador con su madre (quien, se ha dicho, lo insultaba llamándole “parásito”). En esta opción -no me hagáis caso si no queréis, el libro es ya vuestro- Teodoro Malventura y los parásitos de Alse-V son la misma “persona”, el mismo problema, un hijo desagradecido y ahora arrepentido que trata de confesar el homicidio por negligencia de su madre, a quien si pudiera besaría para resucitar (como se dice que Panero hizo con Felicidad Blanc). Es sólo una opción, la más triste de todas,  la única explicación plausible que me doy a mí mismo por la que nadie ha escogido este final es que la maternidad sigue teniendo algo de sagrado en la España de 2016. Si ese es el caso, estoy muy satisfecho de haber rozado una fibra sensible. “Estrellar el coche y consentir el trato de la clínica, llamar a los servicios sociales, aceptar que soy calaña y loco y monstruo y parásito a la vez, sacar a mi madre de la pared y contaros otra versión de la verdad…

 

 

Para finalizar, unas pocas cosas más que he aprehendido gracias a este proyectillo (y vuestra ayuda).

  • Si te pasas de triste, resulta patético. Ese el motivo del humor en las historietas de Tomeo, demasiadas victimas. Como los personajes de dibujos animados de no paran de recibir palizas: nos hace gracia. Es un acto reflejo; no se puede empatizar con todo sin enfermar en el camino. La gente está harta de escuchar gemidos, deben convencerse a sí mismos que son carcajadas, y Teodoro no iba a ser menos. [Yo estaba -muy- triste mientras escribía, el humor es un resultado final, no de las palabra sen concreto. ¿Estaba Tomeo igual de triste o se lo tomaba más a broma? Estudió criminología, supongo que eso será alguna clase de indicio de algo].
  • Para los amantes de Lupa Stellis (la versión redimida), sabed que existe un Monumento al ratón de laboratorio en Novosibirsk, Rusia. Me cuesta imaginar esa mira tan apacible; creo que salvo los tres ratones que salvó Lupa, el resto perdió toda la esperanza. Me lo imagino más bien con muletas y maldiciendo a los Astros que guían sus destinos.

 

  • Esta clase de proyectos son sólo posibles y factibles gracias a desinteresadas amistades (Marta, Jasmine, Montorix, Luisa…) y a gente que de verdad comprende aquello del ars gratia artis y que se esfuerza en alimentar la débil criaturilla que es la literatura al margen del enorme coloso capitalista-editorial, al que jamás interesaría un proyecto tan contrario a lo que ellos mismos representan como es mi querido Teodoro Malventura. Os quiero, os quiero a todos, monstruos de mi corazón, aunque el mundo sea una bola de mierda que cae en el vacío, aunque vuestros ojos -como los míos- no estén hechos ya para ver colores y alegrías.

1 thought on “Sobre el FIN: A propósito de los múltiples finales de Teodoro Malventura”

  1. muy buenas Albert,
    aún no me ha llegado el ejemplar de T. Malventura, no sé si es pronto todavía para protestar. con esto que escribes dan más ganas de leerlo ya.
    tengo también una nouvelle, llamada “Zywiecz”, incluida en el libro de relatos “Pruebas de lo equivocados que estamos siempre”, que está inspirada en la novela de Tomeo “El castillo de la carta cifrada”, (tus comentarios sobre Tomeo hacen que tenga ganas de volver a leerlo). si quieres y te apetece puedo mandarte un archivo epub o mobi o pdf de ella, quizá al estar Tomeo detrás de todo esto pueda interesarte.
    tú me dirás. un saludo afectuoso.

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